La serie de monedas de 1 Sol de Perú, acuñada entre 1864 y 1916, constituye uno de los capítulos más interesantes de la numismática sudamericana. Durante ese medio siglo, los vaivenes políticos, las guerras y las reformas monetarias dejaron su huella en la producción de estas monedas de plata. Algunas emisiones fueron abundantes y hoy son fáciles de encontrar; otras, en cambio, fueron fabricadas en cantidades reducidas o bajo circunstancias especiales, y se han convertido en piezas muy deseadas por los coleccionistas. Este artículo revisa las fechas más escasas, agrupándolas según los periodos y las causas que les otorgaron esa rareza.
Primeras emisiones y variantes iniciales
El origen del Sol peruano no fue un hecho puntual en 1864, sino el resultado de un proceso iniciado con la ley monetaria de febrero de 1863. Durante esta primera etapa, el Estado asumió directamente la acuñación de las nuevas monedas, concentrándose en valores fraccionarios y en piezas de oro, mientras que la unidad de un Sol aún no se producía. Este periodo estuvo marcado por la transición desde la moneda feble hacia un sistema monetario alineado con la nueva ley de plata.
A comienzos de 1864 se abrió una segunda etapa con la concesión de la afinación y acuñación a una firma privada encabezada por Dionisio Derteano. Fue entonces cuando comenzaron a circular los primeros Soles de plata con el apellido “Derteano” incorporado de forma discreta en la cornucopia del escudo. Esta marca provocó una fuerte reacción pública y política al considerarse una alteración de los símbolos nacionales, lo que derivó en órdenes de refundición y en correcciones manuales de muchas piezas. A partir de mediados de ese mismo año, los problemas de peso y calidad llevaron a nuevas disposiciones reglamentarias, dando paso a una producción más controlada y estable.
Aunque se ordenó oficialmente la refundición de todos los Soles con el apellido “Derteano”, en la práctica muchas monedas no fueron fundidas, sino que se les eliminaron las letras de manera manual. Por ello, hoy se conocen ejemplares de 1864 con la marca completa, otros con restos visibles y algunos con la inscripción parcialmente borrada, una diversidad que tiene su origen directo en esta polémica inicial.

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La singular acuñación de 1873
El año 1873 ocupa un lugar singular dentro de la serie del Sol de plata peruano debido a una situación extraordinaria que obligó al país a recurrir a una solución inédita. A comienzos de ese año, la Casa de Moneda de Lima se encontraba prácticamente paralizada como consecuencia de un proceso de modernización que dejó inoperativos sus talleres durante varios meses. La falta de equipos adecuados, sumada a la habilitación gradual de nueva maquinaria, coincidió con una fuerte escasez de numerario en los mercados, agravada además por la exportación de moneda realizada por particulares. Esta combinación de factores generó una crisis monetaria que hacía inviable atender la demanda interna de Soles mediante la producción local.
Ante este escenario, el gobierno peruano resolvió, como medida transitoria, autorizar la acuñación de moneda nacional en el extranjero. Gracias a gestiones diplomáticas realizadas a inicios de 1873, se obtuvo la autorización del gobierno chileno para fabricar Soles peruanos de plata de nueve décimos en la Casa de Moneda de Santiago de Chile, como un gesto de cortesía entre ambos Estados. La producción quedó sujeta a condiciones precisas: solo se acuñarían piezas de Un Sol, se establecería un límite mensual de producción y la supervisión técnica estaría a cargo de los ensayadores designados por Chile, cuyas iniciales L.D. quedarían plasmadas en las monedas. Para garantizar el control del proceso, desde Lima se enviaron matrices, barras de plata y un veedor oficial que acompañó la acuñación durante toda su duración.
Esta experiencia concluyó en diciembre de 1873, tras más de nueve meses de actividad, período durante el cual se produjo un número reducido de Soles en comparación con los volúmenes habituales de otras etapas de la serie. La acuñación en Santiago no solo fue excepcional por realizarse fuera del territorio peruano, sino también por su contexto de emergencia económica y por su carácter estrictamente provisional. Estas circunstancias explican por qué los Soles de 1873 con iniciales L.D. ocupan hoy un lugar destacado entre las emisiones más escasas de la moneda de 1 Sol peruano y son especialmente valorados por los coleccionistas, tanto por su baja disponibilidad como por el episodio histórico que representan.

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Emisiones limitadas en la posguerra
La reanudación de la acuñación de Soles tras la Guerra del Pacífico no significó un retorno inmediato a la normalidad monetaria. El país salió del conflicto con un sistema profundamente desarticulado, saturado de papel moneda depreciado y con una población que desconfiaba abiertamente del billete fiscal. En este contexto, el Estado emprendió un largo y complejo proceso de amortización del fiduciario y de reconstrucción del circulante metálico, lo que condicionó de forma directa el ritmo y el volumen de las acuñaciones de plata. La prioridad no era inundar el mercado con nuevas monedas, sino restablecer gradualmente la credibilidad del Sol de plata como medio de pago efectivo.
La serie de 1886, identificada por las iniciales T.F. y B.R., se inscribe precisamente en este proceso de ordenamiento monetario. Ese año se adoptaron medidas que privilegiaron el pago de impuestos en Soles de plata y relegaron al billete a una condición residual, lo que incrementó la presión sobre el circulante metálico existente. Sin embargo, lejos de generar una acuñación abundante, esta política dio lugar a emisiones puntuales y controladas, lo que explica la escasez actual de los Soles de 1886. A ello se sumaban aún la inestabilidad política interna, los efectos residuales de la guerra civil y la persistencia de economías regionales desmonetizadas que recurrían al feble y a signos sustitutos.

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Los últimos soles de plata
La serie concluye con dos emisiones que destacan por su rareza y por su valor testimonial. En 1915 se acuñaron monedas identificadas por las iniciales F.G., correspondientes a Francisco Gamarra, último ensayador en marcar monedas del Sol de plata en cumplimiento de un decreto vigente en ese momento. Estas piezas pertenecen a una etapa de transición monetaria que ya anticipaba el final de la serie, lo que explica su carácter particularmente escaso y su relevancia histórica dentro del conjunto.

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Identificar las fechas más escasas de la moneda1 Sol de Perú (1864‑1916) requiere comprender el contexto histórico de cada emisión. Las primeras acuñaciones evidencian los desafíos técnicos de una nueva moneda; la inusual fabricación de 1873 refleja la necesidad de recurrir a una ceca extranjera; las emisiones de la década de 1880 están marcadas por la guerra y la escasez de recursos; las acuñaciones de finales de siglo muestran ajustes a las condiciones económicas; y las últimas emisiones de 1915 representan el ocaso del sol de plata. Estas monedas, con su rareza relativa, cuentan historias de crisis, adaptaciones y cambios políticos. Para los aficionados, son testimonios tangibles del devenir peruano y una oportunidad de poseer una pieza que no solo es valiosa por su plata sino también por su pasado.
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